La noche le persigue como los
recuerdos, como los recuerdos siempre han hecho, sobretodo por la
noche. El quiere huir de tantas cosas que no sabe donde esconderse,
ha dejado su trabajo y ahora viaja oculto entre las variopintas
maletas de un tren con destino a Daarjeling, sin sus propias maletas,
sin nada propio, un nombre propio. Polizón del mundo espera que
alguien le encuentre y se apiade de él, le ponga un punto rojo en la
frente y un nombre, nuevo, uno que no comprenda. Entonces y solo
entonces, ya no será Marco Polo; su tren llegará al
final del trayecto.
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