miércoles, 23 de septiembre de 2015

La habitación sin ventanas

Su vida es una distracción, la mirada a todas las direcciones que no llevan a Venecia. Polo no recuerda ninguna de las razones que le animaron a ser el eterno viajante, no recuerda de su obsesión de ventanas abiertas, el aroma del mar, el amor de relatos y finales, el tiempo como prueba; no recuerda que su nombre es Polo y utiliza el nombre escrito en su nueva correspondencia. A lo largo del viaje ha escogido sus habitaciones llevado por el sentimiento que le producían sus ventanas, ventanas enormes, ventanas polares, ventanas propias, ventanas inventaventanas, ventanas por las que asomarse como quien asoma la cabeza a través de un portal de ciencia ficción, como quien mira a través de la cerradura, el cristal que separa su reino del resto.

Quizá por eso era inevitable que terminara en una habitación sin ventanas. Con el tiempo se desentendió del viaje, guardó su diario y olvidó las personas impares, el significado de una chica y sus palabras, lo olvidó, o dejó de recordarlo. Las ventanas son un memento de una vida con la que no se identifica, el recuerdo de un chico que no lo representa, el amor visto con los ojos de quien tiene una idea equivocada del amor, ojos de final mágico de película, ojos, y magia, la magia en los ojos que miran los ojos que miran de vuelta.


martes, 20 de enero de 2015

Psicodelia por prescripción

Mirar hacia el frente forma parte de su nuevo culto y sin embargo durante sus últimos despertares un cosquilleo en la nuca le incita a girar la cabeza y volcar sus pasos a 180 grados de cualquier dirección que esté siguiendo. Ha retirado los calendarios y escondido los diarios y ahora los días se expresan en distancia, las nuevas personas distancia, las revoluciones y los propósitos de tiempos nuevos, los retos y los aplausos; el tiempo distancia.

Si algo ha aprendido en sus viajes es a diferenciar tiempo y espera. Dejó la espera esperando en casa cada vez que salía con su abrigo de clochard y una mañana al volver no estaba allí. Ahora no sabe orientarse sin esperas, para alguien que nació en la época equivocada vivir rodeado de presente no ha sido bienvenido sin revoluciones y como todas las que precian los fuegos de artificio y luces de color iluminan la noche o demasiadas noches.

La vida sin esperas y mirada al frente hace llamada a todas las medicinas para las noches sin pasado. El presente, lleno de nuevos sabores, ha levantado un ritual diferente, uno donde el amor se sintetiza químicamente y la memoria es memoria de su memoria, oculta como el sueño dentro de un sueño. Sin forma de poner a prueba la validez de un recuerdo bajo tantas sábanas los errores pasados son subjetivos, el amor subjetivo, la memoria y las esperas, subjetivas.

Él mentiría si declarara que el pasado solo existe tras él y que ninguno de sus errores hacen eco en el presente, pero cada vez que se plantee esas preguntas se tomará sus medicinas, perdiendo la capacidad de hablar del pasado con propiedad, como si ya no quedaran pasados.