Llegas tarde, no hay beso tarde. La mirada de la gente repara en ti cuando corres por las calles, preguntandose quien te espera a estas horas de la siesta.
Y a partir de ahí todos los besos fueron besos despertador, desde el otro lado de las mantas, donde nadie regresa y todos se sientan a esperar.
Gira sin más, con el vértigo de las gotas de lluvia.
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