miércoles, 16 de abril de 2014

Aire

Los globos que cuelgan del techo de su habitación son la nueva ofensa a las leyes de la física. La pareja de esferas de aire y magia guarda en su interior el misterio que permite a Polo viajar a una noche, siempre la misma noche, por unos instantes. Su máquina del tiempo improvisada le despierta en un bar lleno de gente de su ciudad natal un sábado noche. En ese bar avista a su izquierda una colección de globos gobernados por una chica de espaldas y a su derecha una versión asustada de si mismo que contempla los globos del fondo como un niño en la feria.

En cada viaje Polo se acerca sin vacilar a la chica de los globos para cambiar la escena de como la recuerda, invierte los pocos segundos de aire que su máquina le ofrece irrumpiendo raudo entre la multitud para alcanzar la otra punta del pub y tocar a la chica en el hombro, tomar aliento. Pero cada vez que llega a ese punto la imagen se disuelve y vuelve a estar en su cama mirando los globos que cuelgan del techo.

Lo ha intentado incontables veces con el mismo resultado.

El sol se filtra por la ventana tras una noche de intentos infructuosos y Marco mira al techo, aspirando profundamente para activar su máquina del tiempo. La noche de marmota se recrea a su alrededor, la misma canción, las mismas caras desconocidas y él está cansado, cada intento hace mella en alguna parte del lugar, el techo del local marcado de grietas ruge como un barco a la deriva y se hace evidente que no le quedan muchos intentos. Por primera vez no hace nada, no irrumpe, se vence y la máquina del tiempo no lo trae de vuelta, le permite permanecer de pié contemplando la noche sin alterarla. El piensa que quizá esta vez es diferente y ha funcionado, quizá puede cambiar las cosas, pero su intención está mermada y las grietas también lo habitan a él, y es que al parecer los viajes en el tiempo pasan factura. Los minutos pasan y no puede, no quiere, moverse, cambiar nada, la música va quedando en segundo plano, el murmullo de la gente enmudece hasta el punto de no poder escuchar a nadie para ver sus bocas moverse y bailar escenas de cine mudo. Solo se distingue un fino hilo de música distorsionado, eco, los gemidos del barco que se hunde. 

La colección de globos se dirige a la puerta, se detiene unos segundos antes de atravesarla, desaparece. A partir de ese momento las luces del techo empiezan a caer, el techo se desploma como el reino de fantasía sin emperatriz, las botellas irrumpen contra el suelo, el polvo cubre las caras de los presentes, y sin embargo, nadie se da cuenta, las figuras siguen bailando como si pertenecieran a otro mundo, uno con su emperatriz en el trono. A la derecha sigue inmutable su reflejo del pasado, de otro mundo, mirando la puerta del bar como quien cree en los retornos cinematográficos. Conmovido con la escena Polo se acerca a él, a si, y el suelo se parte y los fragmentos de un pasado por colapsar se desploman como granizo golpeando a nadie más que a él. Con esfuerzo y de rodillas a sus espaldas le declara a su pasado: El tiempo no espera a nadie.

Antes de que su reflejo se de la vuelta el estruendo de una explosión lo ha devuelto a su habitación, estática y en silencio. En ese momento recuerda por primera vez haber escuchado esas palabras aquella noche, tiempo atrás, en el bar de la chica de aire. Mirando al techo descubre que uno de los dos globos ha explotado. Esa fue la última vez que pudo viajar en el tiempo.


viernes, 4 de abril de 2014

Biglietti scomparsi

I giorni vengono accumulati come i libri non finiti sul comodino. Il tempo non ha risposte, o i indizi, solo è testimoni dei errori e opportunità persi.

Ha un album pieno di biglietti di treno che non ha preso, e spesso lo rilegge. Come oltre volte accade, lui trova un biglietto di treno per due persone senza destinazione magicamente in tasca, e guarda il suo calendario, un calendario vuoto, alla ricerca di una scusa per non prendere il treno. Ha paura dil cambio como ha paura dei film da orrore, paura come l'arbitro di una partita decisiva, di non essere il compagno di viaggio che vorrebbe essere. Lui è entusiasta di avere un nuovo biglietto in tasca, ma presto trovera una scusa per aggiungere il biglietto dal album senza averlo usato. Poi guarda il calendario in bianco e aspirara sollevato mentre una lacrima, una sola, si suicida.