domingo, 10 de marzo de 2013

Amor llave

Ha tomado muchas decisiones últimamente, todas acertadas porque ya no existen las decisiones no acertadas, sabe que todas las decisiones no acertadas le acerarían a ti. En realidad solo ha cambiado el concepto de acertado por el de no acertado para no sentirse mal al evitarte, huir de los bares en los que podría encontrarte, no asistir a las sesiones de cine que te gustan. Vive en una ciudad que lleva tu nombre y cuando se acerca cambia y cuando se aleja también; se transforma, se traslada y esconde las señalizaciones para que no pueda escapar de ella, para habitarla sin saberlo, habitarte y tu habitarle a él. Ciudad capicúa no importa por donde se lea y desde que parte se observe, como se ordenen sus letras y sus gestos, las intenciones o el aroma; sigue siendo ella, tan ella y tan propio, guardiana de sus propias llaves, aduana en sus fronteras, laberinto de sus calles y sin embargo deja que él la habite sin dejar que él lo sepa, se compadece del viajero con heridas en los pies y hace crecer la hierba a su paso impregnada de rocío y olor a mañana de domingo para cuidar de su caminar cansado.

Él no entiende el amor llave porque siempre ha creído en un amor sin puertas, un amor de ventanas y vértigo, amor de 35 mm, amor papel, amor impar. Pero sin pretenderlo es amor unilateral y tiene los ojos húmedos para llevar el olor del mar consigo, eso también lo hace sin pretenderlo.



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