viernes, 11 de octubre de 2013

La ciencia de las despedidas

Vamos a medir el ángulo del vello erizado a través del método empírico-analítico, hacernos daño para descartar las hipótesis erróneas y amarnos por el bien de la ciencia. La atracción nos hace girar como si el resto de fuerzas del universo no intervinieran y me he aislado en mi estudio para calcular las bases de nuestra relación. Somos esclavos de un amor cuántico que existe y se niega a la vez, el equilibrio de saber que en los imposibles no tenemos elección y que cuando dos cuerpos se alejan las fuerzas de atracción olvidan. Me gustaría cambiar las leyes de la física y estar cerca cuando me encuentre al otro lado, seguir orbitándote y disfrutar de los mareos.
La gravedad no entiende sobre amor y son las decisiones las que gobiernan nuestra atracción, las decisiones las que me alejan de ti, las decisiones que nadie ha impuesto y he elegido yo. Sobre el papel los silogismos no mienten y me culpan por haberte conocido camino al aeropuerto y no tener la entereza de aferrarme al suelo.



miércoles, 2 de octubre de 2013

Manifiesto en una botella

El tick tack del reloj se deja escuchar como salpicaduras de agua, el tiempo gotea como una cuenta atrás y subimos los pies al sofá para no mojarlos. Declaramos que el sofá es nuestra isla y nada podrá arrebatarnos eso. Mientras sube el nivel del agua ignoramos el paso del tiempo jugando en nuestro reino de tela y cojines marrones, para vivir todas las vidas que habrían sido posibles confinadas en los instantes previos al amanecer. La noche empieza a abrazarnos y a nuestro alrededor se van reuniendo papeles flotando en el agua manchados de tinta azul donde una vez el trazado fue legible y vibraba de la emoción, y al fondo se deja ver una maleta a la deriva a la que nos acercamos remando con cuidado para no volcar nuestro navío improvisado. En ella encontramos ropa, algunos libros, una manta y una botella de vino que no se han mojado y nos sentimos como dos niños que han encontrado un tesoro de piratas. Pasamos la noche atesorando el vino a pequeños sorbos y haciéndonos preguntas incómodas y divertidas sobre nuestra infancia, leyendo en voz alta pasajes al azar de los libros que había dentro de la maleta, descubriendo las partes de nuestro cuerpo donde tenemos más cosquillas y aquellas que nos hacen cerrar los ojos. Al acabar el vino escribimos un manifiesto revolucionario, La anarquía bajo la manta, y reímos mucho con el lápiz en la mano, nos peleamos como niños para escribir lo que tiene cada uno pensado para el manifiesto, reivindicamos nuestro derecho a ser siempre jóvenes y apasionados, el real decreto que permite no salir de la cama para trabajar o ir a clase cuando hace frío en la mañana y finalizamos expresando nuestro rechazo a las despedidas con palabras severas y un atisbo de tristeza. Al terminar colocamos el papel enrollado dentro de la botella de vino y lo dejamos con cuidado en el agua, esperando que alguien lo encuentre antes de que amanezca y el manifiesto se haga ley.

Ahora estás dormida y la luz empieza a asomar en un horizonte en el que ya solo hay agua, nuestro tiempo ha estado goteando toda la noche y el reloj está vacío de ticks tacks. Los primeros rayos se posan en tu cara y soy incapaz de despertarte, incapaz de moverme, incapaz de respirar; no puedo mas que contemplar esa escena sin aliento, para que nunca se la lleve el tiempo, para que no la pueda olvidar.

Nunca levantarse del sofá y salir por la puerta fue tan difícil.