Todavía confunde el sueño y la
vigilia, la realidad se extiende como la cama hecha sin ganas, con
las mantas extendidas y aun así llenas de imperfecciones y pliegues.
Sabía que la desintoxicación sería dura, por eso evadió las
promesas y las fechas de entrega, se mira al espejo y espera, desea,
verse envejecido, una señal de que los relojes vuelven a latir y
bombean ganas de quedarse con las ganas, de intentarlo al menos,
equivocarse otra vez para poder sentirse vivo. Él que podía contar
su vida uniendo errores se ha quedado sin ellos, los ha cometido
todos y ya no quedan más intentos con los que construir una
casualidad, una tan bonita como la que le impulso a recorrer el mundo
alzando ventanas en las paredes garabateadas con manifiestos de
celofán y magia.
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