Si algo ha aprendido en sus viajes es a diferenciar tiempo y espera. Dejó la espera esperando en casa cada vez que salía con su abrigo de clochard y una mañana al volver no estaba allí. Ahora no sabe orientarse sin esperas, para alguien que nació en la época equivocada vivir rodeado de presente no ha sido bienvenido sin revoluciones y como todas las que precian los fuegos de artificio y luces de color iluminan la noche o demasiadas noches.
La vida sin esperas y mirada al frente hace llamada a todas las medicinas para las noches sin pasado. El presente, lleno de nuevos sabores, ha levantado un ritual diferente, uno donde el amor se sintetiza químicamente y la memoria es memoria de su memoria, oculta como el sueño dentro de un sueño. Sin forma de poner a prueba la validez de un recuerdo bajo tantas sábanas los errores pasados son subjetivos, el amor subjetivo, la memoria y las esperas, subjetivas.
Él mentiría si declarara que el pasado solo existe tras él y que ninguno de sus errores hacen eco en el presente, pero cada vez que se plantee esas preguntas se tomará sus medicinas, perdiendo la capacidad de hablar del pasado con propiedad, como si ya no quedaran pasados.