Era de esperar que las letras volvieran a tatuarse en tu piel inmantadas por la distancia, esa distancia que desmantela los caracteres en tinta y no en intenciones. No puedo evitarlo, puedo correr, puedo alejarme, inventar chicas polares y hacerlas creer que no eres tú, que tú eres la inventada y tu nombre es Pola.
He permitido al tiempo hacer su movimiento, dejarlo en sus manos para cuando esté preparado, preparado yo, que no el tiempo, el tiempo nunca dice nada. Pero despues de tantos años sigo sin encontrar las palabras que detendrán su pulso, las que hagan que la frase estoy enamorado de tí sea una redacción sobre el verano escrita por un niño de nueve años enfurruñado una mañana de septiembre en clase por no haber ido a la playa. Temo que el día que encuentre las palabras no te encuentre a tí, que me hayas olvidado y ya no nos estemos buscando.
Se que tu nombre no es Pola, como yo no soy Marco Polo. Pola es sólo un nombre de ciudad a lo lejos, pero cuando me acerco, cambia.
Mi dispiace il tempo perso, queste parentesi muto. Ho saputo da la prima volta come sarà a finire, ma non mi ho preocupato, lo voglio così. Sono ritornando a casa, c'e qualcosa che sono ancora ricercando, e non è qui, forse non è a nessuna parte, forse ovunque, ma devo provare. Ho conservato la mia promessa, ho imparato tanto come ho potuto per dirte solo tre parole, e le ho detto. Non so se avrò più parole per dire, se trovarò qualcosa ricerco adesso o ritornarò per vedere la neve un giorno; ma non penso fermare, quindi non dimeticate di mi.
Even the words I never use to say the truth, even the meaningless shouts that broke all windows, will be here to tell you I'm not gonna stay for long. I'm coming back where streets don't know about grey rain and snow, coming back to the sea, to taste the sand and smell the lemon trees.
No se puede jugar a inventar sueños si no estás dispuesto a quedarte durmiendo, a llegar tarde.
Tarde al otro lado, donde hace más frío y los relojes funcionan. Aquí no funciona nada, ni despertadores, ni párpados, siquiera las manos. Pero a este lado nadie llega tarde, es imposible, como rasparse las rodillas; la relatividad es ciencia exacta y el surrealismo inventa las reglas de juego que defiende diciendo: – Es que en mi casa jugamos así.
I can see the window open, weird thing, is freezing out there. Maybe just to let a couple of breaths left the room, maybe is not open but broken by all the meaningless shouts. Say drinking-her-words-in-one-glup will never mean the same until I remember how to dance with words, drink a look, say valiente.
Make it easy, take your time, I will be waiting in the room with no windows and some crystals.
Los inviernos que no despiertan son como las chicas lindas que son fotografías, instantes que duran toda la vida hasta que unos segundos después se olvidan.
Tengo una capacidad sobresaliente para aburrirme y estoy desesperado de tocar a la puerta, tanto si no hay nadie o no hay ganas de abrir. Voy a tomar carrerilla y a dejarlo todo en un salto sin pértiga, que el muro no puede ser tan alto. Guardad silencio que la pistola está apunto de marcar el comienzo de la carrera e posso correre piu veloce del treno.
Maybe she's not, but I don't care, I never ask. The only things I know for sure are the things that never matters, the things that you forget in a breath. The only things I know for sure are that you won't be there tonight so I will make my move just for schedule, for what is meant to be and all that stuff. I will try to say the beautifull words that in my language sounds like air and in yours are crap, but I will finish all the drunken promises in the moment I'll say you that. So don't get scare, I just need to talk.
Hoy soy todas las decisiones que no he tomado, como otros días soy otras cosas. Soy hace una semana cuando lanzé una moneda al aire y salió cara, decidiendome a mandar ese mensaje en el que digo I like you y quedo como un violador extranjero. O bastante tiempo antes cuando sale cruz y decido seguir con la informática, olvidando la tontería pasajera de ser diseñador. También años antes he sido aquel que decidió lanzarse a conocer a la chica de las palabras sin esperar a que el tiempo tome las riendas del caballo sin jinete, como hace seis o siete años la moneda dijo cruz y decidí quedarme en el pueblo. Hoy puedo ser todas las decisiones que no he tomado, pero por lo general no es así. Dejé el pueblo, nunca sabré si la chica de las palabras es real y soy el diseñador extranjero que no se atreve a flirtear por falta de un diccionario a mano. Pero el tiempo nunca toma rienda alguna y no puedo recomponer las cartas a todas las catastrofes improvisadas que destrozaba tras escribir para negarme oportunidad alguna de enviarlas e incordiar al tiempo, que quien sabe, a lo mejor todo eso era meant to be y más adelante él haría su movimiento.
Seguramente nunca habría empezado a referirme a tí como la chica de las palabras, necesidad onírica en pos de completar la otra mitad, cada camino elegido en cada realidad posible menos en esta. Bob Bylan seguirá preguntandose cuantos caminos debe de recorrer un hombre y la respuesta se resiste a ser 42.
Soy todas las veces que te has equivocado y los labios, aveces también ventanas y cartón. Pero no todo el mundo habla patafísica y ya se sabe lo que pasa con los lenguajes, yo hablo patafísica de la que se habla más al sur, con más arena que nubes, aunque nadie se pone de acuerdo en establecer las pautas del lenguaje y así no hay quien se entienda.
Quizá por eso cada vez menos gente habla patafísica y las canciones hablan sin letra.
Y si los dias pasan sin las promesas de café que nunca se cumplen, me dedicaré a robar bicicletas para venderlas al enemigo, así nos gane terrerno. Hecho de menos la habitación de las ventanas, esta habitación tan pequeña no deja lugar para la imaginación, no puedo inventar ventanas ni romper palabras.
Hoy es uno de esos días en los que no soy Marco Polo.
Calculamos mal la distancia entre nosotros, da igual si empezamos a contar desde Holanda o Italia, ahora soy el barón rampante y mis pies no tocan el suelo.
Even the words I never use can now defeat myself and turn everything in the overexposured color of an old Polaroid. I like the way you makes me feel soft, the way the air changes his scent. I love to see all the bicicles arround, to kill any moment with a look. It's just a couple of thousand kilometres away, but I can barely see the hard sun, the people left behind, the thought of la chica de las palabras. Maybe there are words that I can't change by now, the people that grown in the bottom of my mind, but it's just a matter of time, always is.
Even the words I never use can now shoot the time, y si todo falla, siempre puedo declarar una retirada hacia delante.
No puedo negar el placer con el que me voy a vivir dentro de las historias que invento, sobretodo esa en la que estás y me dices que soy cruel contigo, una mala persona. En la que me miras con rabia, me agarras con fuerza la camisa y me sueltas un botón, uno sólo, para ver como vuelvo a atarlo mientras te digo que lo sé. Nunca nos acostumbramos a besarnos, a ti te gustaba más frotar tu nariz en mi barba y a mi apoyar mis labios sobre tu pelo. Por las mañanas te pedía que te quedaras un poco más, sólo doscientos latidos, que yo me encargaría de contarlos y tu me agarrabas fuerte para latir más deprisa y así no llegar tarde a clase. Nos gustaba insultarnos, como se insultan los niños en el colegio, tu me decías malo y yo te decía tonta y en las despedidas no decíamos nada. Yo era siempre el primero en darse la vuelta y tú esperabas unos segundos más antes de dar la tuya. Se que los dos girábamos al menos la cabeza una vez antes de doblar la esquina, pero nunca conseguimos coincidir al mismo tiempo. Si alguna vez nos encontrábamos en la calle continuábamos caminando como si no nos conociéramos, ya no nos gustaban tanto las casualidades, por eso a menudo llevado por el deseo callado de enfrentarte correctamente te enviaba un mensaje de texto con el nombre de una cafetería, sólo el nombre sin hora ni declaración de intenciones, para esperar allí a que aparecieras o no aparecieras. Muchas veces al llegar a la cafetería te sentabas en la mesa de al lado sin dirigirme la mirada y te ponías a leer, te gustaba que me acercara movido por el interés lascivo de la curiosidad, para comprobar si aun soy capaz de enamorarte con palabras. Dependiendo de ellas me podías decir seriamente que no me conocías, que te dejara tranquila y otras no te podías aguantar la risa y me besabas mientras soltaba mi discurso de chico interesante flirtea con solitaria desconocida. Nos gustaba jugar a conocernos de nuevo, tu te presentabas como la Maga y yo te llamaba Pola para hacerte rabiar. En cambio yo te daba nombres sacados de series de dibujos animados para sentirnos ridículos cuando me dijeras Goku o Garfield en los momentos de mayor seriedad. Sólo entonces, cuando jugábamos a no ser nosotros, te atrevías a decirme te quiero, a besarme como hacen las personas normales, a no insultarnos.
Algún día viviremos en París y puede que tengas los ojos azules, al fin y al cabo es mi historia y no te pediré permiso. Quizá por eso siempre me dices mala persona.
De un tiempo a esta parte y de esta parte hasta mañana, pero no más.
Me pregunto qué pasará cuando consiga tachar las metas escritas con un asterisco.
Si nos acordaremos de nosotros.
Si quedar para un café será algo natural o estará apuntado en una lista en sepia.
* Si llevarás un asterisco (o estarás entre paréntesis)
Quizá me has pillado con la guardia baja, en medio de un resfriado, con la pistola sin balas.
“Compre un gran ramo de rosas” me diría cierto médico de Buenos Aires. Puede que también añada una margarita al ramo y la deje calva preguntándole que pasa.
Copypaste sin término, rebelión inconformista sacada de youtube, hasta que la batería se agote o si se acaba la gasolina me muero. De todas las rebeliones ninguna es legítima.
El que sueña, pero no el sueño.
Yo que paso los días bebiendotuspalabrasdeunsolotrago, no tengo las palabras ni conozco el uso adecuado de ellas para rendirte homenaje. Seguiré partiendo cintas métricas hasta sacar la distancia aproximada de un año caracol, escribiré cartas de amor en glíglico a todo aquel que me sostenga una mirada contando hasta diez y buscaré entre lineas la razón por la que siempre me gustó más Pola.
Por ahora dejo el carbón sin punta en el cajón del escritorio hasta que sepa leer sin papel, y te dedico esta canción, que no todos los cronopios cumplen 97 años.
Porque no existen todas las palabras ni
todas las palabras pueden expresar lo que dicen, te podrás quedar
sin palabras conservando la voz y exponer tu manifiesto
revolucionario sin mover los labios. Acabaremos declarandonos la guerra con las
palabras para restaurar la paz con sólo tres letras.
Ahora el conejo blanco se alimenta con sus carteles de "se busca". Ya no quiere saber de esperas y nos ha borrado de su agenda. Si quieres y especialmente si te atreves, nos colamos en su madriguera.
[Gracias al camarero de El Pilón por regalarme su bolígrafo, también a aquellas personas que tiran al suelo los papeles que serán cartas a todas las catástrofes improvisadas.]
Supongo que por eso sólo me has rozado. Aparecer y desaparecer sin dejar un nombre, una seña a la que dejar ríos de culpa y responsabilidad. Porque eres culpable y sólo desde hace un par de horas de que me dedique a buscar imposibles reales (no ficticios).
Podemos buscar y en las canciones robadas por sucios (Nastys) grupos encontrar partes de historias que aun no han acontecido ni tendrán lugar. Es idiota pensar que la ciudad de Tulsa está a unos kilómetros de Yecla, acostumbrado a escribir cartas sin remite me quedaré esta vez sin poder indicar el destinatario.
Calculamos mal la distancia entre nosotros, eran cientos de kilómetros de frío. Supongo que por eso solo me has rozado.
Y ahora que vamos a hacer si si decido tarde echar a correr y alcanzarte para preguntar si sólo corresponde a los valientes ser protagonistas de la gran pantalla, si los cobardes podemos tener el rol de las canciones que serían nuestra banda sonora polar. Porque aun no compartimos el odio por las cosas triviales y tampoco la prisa por ver a Morla, la tortuga que insulta el tiempo y critica a los que esperan. Te perdiste antes de darme un nombre, título de este punto y aparte seguido con o sin final.
Si sólo me has rozado piérdete antes de que empiece a inventar nombres.
Los conductores de autocar siguen sin saber donde quiero bajarme, el tiempo se detiene en el metro y la atracción más vertiginosa se puede vivir en viaje horizontal. Pero nadie te lleva al circulo polar por menos de dos mil coronas y olvídate si te dan miedo las alturas.
Ahora que puedo mensurar distancias en milimetros luz e ilusiones en años caracol (aproximados), tengo el deposito lleno de aire. No hace falta gasolina para volver de los sueños, así que no es mester que despiertes, mejor quedate durmiendo.
Nunca había tenido las orejas tan rojas, no todos sentimos con el corazón.
Se quedan los abismos sin puntos ni resquicios, donde mirar o avalanzarse, donde cortar con las manos. Sin automatismos claros, despellejando las fibras de papel, escuchando matemáticas y quemando la tinta de un boligrafo bic. Llegas a la página donde a la vuelta le da un todo, donde el capitulo se pone al final y la portada se esconde entre palabras.
Es lo que me va a pasar, lanzarse sin esperar a que los puntos y los laberintos me dicten el ritmo, me permitan respirar. Porque no todos soñamos en sepia o en desteñido azulado de una polaroid de más de 30 años y tardaré en llamar para confirmarlo, se nos hará tarde, nos devorará el tiempo se humedecerá el espacio.
La mañana nos despierta, y esperamos, y la mañana te despierta, y es demasiado tarde y esperamos a mañana que ahora ya es tarde, mejor esperamos.
Llegas tarde, no hay beso tarde. La mirada de la gente repara en ti cuando corres por las calles, preguntandose quien te espera a estas horas de la siesta.
Y a partir de ahí todos los besos fueron besos despertador, desde el otro lado de las mantas, donde nadie regresa y todos se sientan a esperar.
Gira sin más, con el vértigo de las gotas de lluvia.
Entonces la chica de las palabras explicó que lo sabía todo con un beso, sin palabras.
Un beso Amélie Poulain, beso de fruta, beso siamés, que-bebe-las-palabras, beso de agua, beso retratado en sepia con una anotación en glíglico en el dorso, beso de puntillas, beso sin reloj, un beso despertador.
Puedes jurar que eres real con buen índice de probabilidad de acierto.
Ser invisible y existir al mismo tiempo.
No decirme nada y soltar palabras entre lineas, sin signos de puntuación ni pistas cruzadas que digan cuantos años caracol nos separan o si entiendes nada de lo que escribo.
Echaré de menos la habitación de las ventanas, o balcón en el sentido más estricto y considerablemente menos bonito de la palabra. Con esas vistas de Madrid a 180º que tan pronto se volvieron grises sin niebla, sin espacio para colocar la cama y morir figuradamente de frío las noches de invierno y alguna tarde encapotada.
Y a pesar de todo echaré de menos la habitación donde no había que inventar ventanas y un grito rompecristales habría sido letal.
Recuerdo de la única pared que no se quiebra al gritar
El lápiz me dice que eres una ventana con cortinas de lunares, una con vistas poco favorecidas de Venecia. También que hueles como una almohada en un domingo temprano.
Y tus ojos, azules, azules y se enredan, aunque sea mentira.