Él siempre se pierde cuando mira al
suelo, mide las distancias en baldosas y no entiende de cintas al cruzar una
meta.
No sabe contener sus impulsos y huye de
todo aquello que le acelere el pecho, se aleja de las cosas que le
gustan para que permanezcan tal y como son, para no mancharlas de
intenciones y compromisos.
Esconde los bolígrafos y los sellos
porque no sabe bien como utilizarlos y siempre, después de una buena
sesión de cine, intentará usarlos para atentar contra el estatus
quo de las personas que le importan con vacilaciones sobre sudor y
sábanas.
Él no sabe actuar de otra manera y
solo le queda pensar que es el chico de las palabras de alguien que
también camina mirando al suelo.
Se cruzarán a menudo cabizbajos y nunca serán testigos de sus encuentros.