lunes, 24 de octubre de 2011

El canto de la moneda

Hoy soy todas las decisiones que no he tomado, como otros días soy otras cosas. Soy hace una semana cuando lanzé una moneda al aire y salió cara, decidiendome a mandar ese mensaje en el que digo I like you y quedo como un violador extranjero. O bastante tiempo antes cuando sale cruz y decido seguir con la informática, olvidando la tontería pasajera de ser diseñador. También años antes he sido aquel que decidió lanzarse a conocer a la chica de las palabras sin esperar a que el tiempo tome las riendas del caballo sin jinete, como hace seis o siete años la moneda dijo cruz y decidí quedarme en el pueblo. Hoy puedo ser todas las decisiones que no he tomado, pero por lo general no es así. Dejé el pueblo, nunca sabré si la chica de las palabras es real y soy el diseñador extranjero que no se atreve a flirtear por falta de un diccionario a mano. Pero el tiempo nunca toma rienda alguna y no puedo recomponer las cartas a todas las catastrofes improvisadas que destrozaba tras escribir para negarme oportunidad alguna de enviarlas e incordiar al tiempo, que quien sabe, a lo mejor todo eso era meant to be y más adelante él haría su movimiento.

Seguramente nunca habría empezado a referirme a tí como la chica de las palabras, necesidad onírica en pos de completar la otra mitad, cada camino elegido en cada realidad posible menos en esta. Bob Bylan seguirá preguntandose cuantos caminos debe de recorrer un hombre y la respuesta se resiste a ser 42.


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