No quiero esperar, quiero adelantarme, vaciar los bolsillos de palabras, declarar hasta los signos de puntuación. Necesito tan solo una tarde, un escenario sin telón ni micro, que siempre me tropiezo al escuchar mi voz. Cuando me queme los dedos sosteniendo una taza de té será la señal, capaz o incapaz, encontramos nuestro tiburón moteado y te confieso que soy yo quien encontró una ventana al fondo de las mantas, muy al fondo donde solo se puede llegar un domingo sin despertador, más profundo que el somier y el polvo sin barrer, bajo el piso, el núcleo de metal fundido y las antípodas. Encontré una ventana que da a tu cuarto y pienso dejar escrito con el mismo vaho del té que tú eres la guardiana de las palabras que aun me faltan por decir.
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