domingo, 18 de agosto de 2013

La vendedora de caracolas

Polo lleva un reloj tatuado que siempre marca la misma hora, es paradigma de la deshora, el despropósito de las intenciones. A lo largo de sus viajes ha conocido más de una sonrisa en la orilla y las ha dejado todas para cuando hubiera concluido su periplo, estúpido de él procrastina el amor como quien abandona los deberes del colegio al último día y pone fechas sin término a las declaraciones para nunca afrontarse a ellas. Lleva recuerdos de todos sus amores ininteligibles para no olvidar que tiene puertos a los que regresar, pero nunca regresa y sus totems solo le recuerdan que es un cobarde. 


Ahora no sabe que hacer con el collar que conservaba para la vendedora de caracolas, símbolo espiral de que no la había olvidado. Para cuando volvió a buscarla la espera se la había llevado de la orilla.



sábado, 3 de agosto de 2013

Oda al constructor de ventanas

El constructor de ventanas ha abandonado su empleo, ha cerrado todas las ventanas que había inventado y no tiene más paradas en su viaje. Dedicará el tiempo que le queda a escribir la elegía de su viaje, retratar el dulce sabor de sus derrotas, sus discusiones con Kublai Khan. No tiene fuerzas para una nueva aventura, ha vendido su barco, los mapas que había dibujado y todas las obras sobre ciudades quizá existentes para comprar un hogar atado al suelo, uno que no pueda viajar con él. Desde una habitación en Venecia contempla la ciudad a través de la ventana, una ventana de madera y cristal, muy diferente de aquellas que había inventado.

Se enciende un cigarro, pese a que él no fuma, y se estira los dedos sentado en su escritorio, la única pieza que conserva de su antiguo barco. Frente a él tiene escrupulosamente colocados algunas hojas de papel y un bote con tinta, le da una profunda calada a su cigarro mal liado y comienza a escribir:

La pluma me dice que eres una ventana con cortinas de lunares, una con vistas poco favorecidas de Venecia.