Hace mucho que prefiere el otro lado del cristal. Este lado nunca está de su lado, viaja de un lugar a otro buscando una nueva habitación para olvidar la anterior y todas son estación, pero le vencen las escenas de miedo, incluso las comedias de terror, no es capaz de imaginar las cámaras en escena y teme que el malo atraviese la pantalla y vaya a por él, a por él entre la multitud, el único iluso que no diferencia los matices de la ficción.
Él imagina el amor en 130 minutos, el principio de dos historias que se cruzan, las dificultades y malentendidos propios del desenlance con ese final abierto a interpretación, su interpretación.
Los créditos de cierre le devuelven a un autobus a este lado del cristal:
Polo y
esa chica en la parada del autobús
Música de Elliott Smith
Cualquier parecido de los personajes con respecto a la vida real es pura coincidencia
2014