A veces, sólo a veces, soy tan vacuo que apenas alcanzo a decir lo siento, a reiterar lo que está escrito y herir al tiempo, a cada noche una por una y algún recuerdo. Ya no puedo obviar las lineas fuera de lugar y la tipografía en mis labios. Dejarlo todo pasar se siente al otro lado de la piel, como el licor que no pertenece a nuestro grupo sanguíneo; se siente como se sienten las escusas y los amaneceres desazonados. Era inevitable atentar contra el tiempo, hacer lo simple complicado, gritar dentro del coche con la certeza de que nadie puede oír a través del cristal. Quizá habría sido tan fácil una declaración de intenciones que no supe hacerlo, estas guerras se luchan frente al espejo y no quedan valientes en las filas, nadie que alce un grito de guerra al cielo.
sábado, 31 de marzo de 2012
martes, 27 de marzo de 2012
Jerigonzas
Puedo con esto y con mucho más, quién es el valiente que coge una pala para poner su grano de arena. Puedo romper y quedarme solo, declarar que la culpa es de las palabras y aun así hablar más alto, retar al espejo y maldecir su reflejo y la comisura de los labios que se secan y parece, solo parece, que envejecen. Puedo escuchar las palabras que laten dos pulgadas tras el frontal y una sobre los ojos y enrabietarme como un niño consentido, mezclar Nolotil y agua, insertar tapones en los oídos, meter la cabeza bajo el grifo.
La culpa nunca fue de las palabras y ahora que fallan las cuerdas vocales me comunico con Johnny sin fusil a cabezazos contra la pantalla del ordenador, con mi jerigonza en morse.
No vaya a ser que alguien la descifre y se acabe la guerra.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Imitaciones
Era imposible hacerlo de otro modo, la rutina se parte en emociones para con ellas crear una nueva rutina, una con más sentido y despertadores. Es hora de cambiar mi imitación de Acqua di Giò, que ninguna siente igual y todas recuerdan a lo mismo. Pintaré un televisor de plasma y toda la tecnología moderna en hojas de papel para repartirlas por casa, colgaré las obras de Picasso sacadas por la impresora con un poco de celo a la pared y haré las manualidades pertinentes para levantar una nueva habitación de las ventanas, una con menos cristal y más celofán para que no se venga abajo al gritar.
miércoles, 14 de marzo de 2012
Sábanas pegadas
Sono qui per una ragione ma vorrei ritornare dove le parole non sono cattive, e le intenzione non fanno male. Vorrei trovare una citta, ma no una città invisibile, una città senza specchi e pezzi de vetro. Vorrei tante cose, che sono tutto il giorno a letto, aspettando come un idiota aspetta un po di magia, aspettando risvegliare in una stanza diversa.
viernes, 9 de marzo de 2012
Inventaventanas
He llegado hasta aquí sin ayuda y no tengo aliento para deshacer el camino, ahora que estamos a micras de la meta y se siente como el tacto a la franela que no se deja tocar de verdad, como intentar interactuar con el rocío al otro lado de la ventana apretando fuerte el cristal hasta deslizar la mano: sin cortes, sin quebrarlo. Tengo las palabras en la punta de la lengua y la tinta a flor de piel, bastaría una intención para rezumar todas las letras, sacar a relucir cada parte y echarlo todo a perder en un sólo texto, declarar lo que siento sin malgastar papel. Y parece que este es el momento, la chica de las palabras nunca dijo las palabras que esculpía al mirar y ahora no puedo mirar al frente al tiempo que miro atrás, seguir escribiendo pistas invisibles para delegar el poder a las casualidades, enviar cartas a todas mis catástrofes y firmar que son para Pola, para confundir al cartero y que nunca te las haga llegar. Siempre quise encontrar una ventana a tu habitación desde la que gritar que eres la guardiana de las palabras que me faltaban por decir; y que tu nombre es Irene.
Al llegar a este punto Kublai Kan espera que Marco Polo hable de Irene tal como se la ve desde adentro. Y Marco no puede hacerlo: qué es la ciudad que los del altiplano llaman Irene, no ha conseguido saberlo; por lo demás poco importa: si se la viera estando en medio sería otra ciudad; Irene es un nombre de ciudad a lo lejos, y si uno se acerca, cambia. La ciudad es una para el que pasa sin entrar, y otra para el que está preso en ella y no sale; una es la ciudad a la que se llega la primera vez, otra la que se deja para no volver; cada una merece un nombre diferente; quizá de Irene he hablado ya bajo otros nombres; quizás no he hablado sino de Irene.
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