Ocurre a veces que él acepta todos los dulces que se reparten en los cuartos de baño y deja su corazón al ritmo de Mandy, dama del baile y los estados alterados. Oh Mandy, la medicina sin receta toma control de las decisiones que nunca plantea, delegando la responsabilidad a un futuro con menos noche y menos luces y menos frenesí y menos Mandy.
Ahora está acostado entre el mobiliario y los cojines del club de noche, pero ya no hay noche, se escuchan los desastres y ronquidos del resto de seres de baile que habitan ese escenario acolchado y utiliza ese momento perfecto de arte y destrucción, la inventiva de los químicos que aun bombean su cuerpo,
Para destruir algo bonito.
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