lunes, 10 de noviembre de 2014

Mandy

Sus pies se comunican con el resto de seres agitados en el ritual donde el lenguaje físico es la jerga oficial, el único a tener en cuenta. Las miradas, dilatadas y sin apocamiento, polarizan la gravedad que une los cuerpos que se encuentran en el mismo éxtasi y coordinan los pasos que marcan el ritmo del otro, desvelando los intereses y las ofertas que cada uno presenta.

Ocurre a veces que él acepta todos los dulces que se reparten en los cuartos de baño y deja su corazón al ritmo de Mandy, dama del baile y los estados alterados. Oh Mandy, la medicina sin receta toma control de las decisiones que nunca plantea, delegando la responsabilidad a un futuro con menos noche y menos luces y menos frenesí y menos Mandy.

Ahora está acostado entre el mobiliario y los cojines del club de noche, pero ya no hay noche, se escuchan los desastres y ronquidos del resto de seres de baile que habitan ese escenario acolchado y utiliza ese momento perfecto de arte y destrucción, la inventiva de los químicos que aun bombean su cuerpo, para crear algo bonito.

Para destruir algo bonito.


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