Ciudadano
del mundo escribe cartas que no saldrán de su mesilla de noche, las
fronteras están delimitadas por el peso de su cartera y las reglas
que el mismo se impone decretan
cuanto tiempo dura un exilio.
El
siempre declara que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho en su
vida, pero guarda un agravio absoluto, una
aversión perenne,
a aquellas cosas que no ha hecho como si fueran una ofensa al tiempo
mismo, al orden del cosmos, el acto
vandálico a los trenes perdidos. Su condena lo transporta
de un lugar a otro rememorando sus posibles y escribiendo cartas de
disculpa en tercera persona a aquellas personas que pudieron ser y
momentos que pudieron ser, a las catástrofes inacabadas y las intenciones
adelantadas. Su vida es una apología
a los posibles escrita con dedicación y desvelo
que, como el
resto de cartas de disculpa,
no saldrá
de su mesilla
de noche.
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