Abre los ojos por la mañana para volver a cerrarlos poco después, esperando que la mañana no sea mañana y la luz blanca que se filtra por el leve espacio entre las cortinas esté teñida de ocre, anunciando las últimas horas de la tarde. Si bien le gusta revolcarse entre las mantas y estirar las estremidades ocupando toda la cama, estirar el tiempo hasta ser insomne, otras veces la mañana no es para él y se contrae como si estuviera deshaciendo el ritual, ocupando el espacio mínimo con las rodillas entre sus brazos en un ovillo. En esos días su pié toca suelo cuando no queda mañana y la noche toca suelo con él.
En esas horas en las que nada importa lo mismo, la noche hace un pacto con él ofreciendo los atractivos que solo le atraen cuando se despierta tan tarde, olvidando si su nombre es Polo o el progreso de la búsqueda.
"Eres demasiado mayor para ser tan tímido" le susurran los individuos de la noche... no, espera, no le susurraron eso, esa noche nadie le dijo nada, contempló las figuras femeninas en los locales nocturnos como quien contempla una colección de trofeos de un deporte del cual no tiene la más minima predilección y volvió a casa, volvió a su cama, preguntándose si mañana habría mañana.
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