martes, 27 de mayo de 2014

Cerrar el círculo

Su cuerpo vacío se desenvuelve entre las calles, viaja anónimo en el metro, trabaja mientras sonríe recogiendo abrigos y vuelve a casa, igual de vacío, dejando escapar un hilo de humo de cigarrillo en cada suspiro que no recuerda haber encendido. Está olvidando la búsqueda como la búsqueda se está olvidando de él. El tiempo ya no lo dan los relojes, el sol, el hambre, el sueño; el tiempo lo da el polvo que se amontona en una maleta que espera en la esquina de su habitación. Cada cierto tiempo Polo gira la cabeza desde la cama y mira la maleta para calcular el tiempo que le queda en la ciudad sin tiempo.

Uno, no... dos, dos años piensa. Se pregunta si habrá olvidado la promesa para entonces, si la ciudad de agua seguirá a flote para cuando él llegue. Pero no recuerda porque tiene que esperar, porqué esperar tanto tiempo para ir a una ciudad que se hunde. Exhala una bocanada de humo y revisa su cuaderno de abordo buscando pistas sin recordar haber escrito la mayor parte, temiendo que todo sea un juego. Su viaje el juego de una mente más fuerte que la suya. Lee sobre una chica habitada por palabras y le gustaría saber como sería eso, él que solo habita humo y hasta sus propias palabras son desconocidas para él. Lee sobre Venecia y eso si lo recuerda, parte. Lee sobre un círculo inacabado. Quiere encontrar la relación entre las memorias que el mismo ha escrito, siente que no es la primera vez que lo intenta y ha estado cerca de conseguirlo muchas veces. Se esfuerza, cierra los ojos, se dibuja un círculo en el pecho con el dedo para ayudarse a entender el significado. En el cuaderno de abordo encuentra una página escrita por él, dirigida a él.


Si estás leyendo esto significa que he muerto, bueno, no, no exactamente al menos, pero siempre he querido empezar una carta con esas palabras y no tendré mejor oportunidad que esta. Seguro que tienes muchas preguntas sobre tu pasado, pero yo no puedo responderlas. Si me conozco bien seguirás presentándote al mundo con ese nombre, Polo, quizá el único que conozcas, pero no el único que has tenido. No puedo predecir exactamente qué va a ocurrir cuando haga lo que estoy por hacer, cuando elimine los recuerdos que no me dejan continuar el camino. No sé cuanto de mi seguirá siendo mi. Por eso escribo esta carta, para que sepas que la razón por la que estás perdido es mi culpa, y no tuya. Tenemos un viaje pendiente, si has leído las páginas no arrancadas de este cuaderno sabrás hacia donde, pero no puedo decirte porqué. Yo cometí el error de confundir el camino con la meta, caer en las intenciones y crear una figura que espere al otro lado, pero no trata de eso.

No intentes descubrir más de lo que aquí aparece, la curiosidad consume el camino hasta forzarte a caminar hacia atrás, no sería la primera vez. Nos vemos al otro lado del cristal.


Polo


Sobre la página una lágrima, solo una, cae sobre una palabra distorsionando el significado bajo su huella. No es la única palabra distorsionada, no es la primera vez que visita esa página. No lo recuerda, la estratagema de su pasado ha llegado más lejos de lo que tuvo previsto. No sabe como consiguió hacerlo, si es obra de magia, si la ciencia ha llegado tan lejos que puede borrar las pesadillas del hombre que no duerme, pero no ha funcionado, si bien no alberga los viejos recuerdos igualmente se le escapan los nuevos, solo retiene una idea, una promesa incompleta. Cierra el cuaderno, se tumba sobre la cama.

A la mañana siguiente gira la cabeza y ve una maleta llena de polvo. Uno... no, dos años, calcula.


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