Él que esperaba encontrar la ciudad sin tiempo, una metrópolis a galope, ha dado con una ciudad donde los transeúntes no tienen prisa porque van a su hora, el metro va a su hora y todo va a su hora. Menos el sol, el sol en Londres no va a su hora.
Ha llegado a una ciudad en la que no puede escribir porque no siente nada, acerca el oído a las paredes de los edificios y no entiende sus susurros y lamentos. Él siempre ha hablado patafísica de la que se habla al sur, con más arena que nubes y aunque los fundamentos del lenguaje son los mismos sus palabras vacilan resistiéndose a ser nubladas y la gente lo mira extrañado, como si él no supiera hablar patafísica.
¡Hola! Marcos, soy Deya.
ResponderEliminarComo ves, encontré tu blog (ese cuyo enlace dijiste que me pasarías xD).
Por lo que leo, ya estás en Londres. Sólo decir, que espero que te vaya bien en tu aventurilla londinense; mientras tanto, por aquí seguiremos con nuestras vidas de siempre (de momento). Venga, un saludo!
Me alegra saber de ti. Siento no haberte escrito como te dije que te haría, soy la procrastinación hecha carne. Por aquí las cosas van bastante bien, Londres ofrece todo a quienes quieren buscar, independientemente de los intereses que tengas encuentras gente de todo el mundo con esos mismos intereses y se hace natural sentirse en casa.
ResponderEliminarEres la primera persona que escribe un comentario en un blog que llevo escribiendo por casi tres años y me siento honrado sabiendo que eres tú quien deja por primera vez huella aquí.
Espero el día en el que volvamos a coincidir en la misma ciudad.