Se mira la palma de las manos
constantemente pensando que lo de la quiromancia es interpretación
de cada uno y uno entiende su propia letra mejor que la de nadie.
Tiene una máquina del tiempo que solo
viaja hacia delante y no le está permitido vivir el presente ni
deshacer sus errores, solo avanzar. Se dedica a bajar una palanca y
viajar días, meses, sacar la cabeza por la puerta de su máquina y
volver a entrar no conforme con la fecha. Él odia su máquina, sabe
que está desperdiciando su vida dentro de una caja con cables y
mecanismos que no termina de entender. Solo quería volver atrás,
una oportunidad para decir las palabras que no supo elegir en el
momento adecuado, pero cada vez que baja la palanca se aleja más y
más.
Se recrea con un viejo diario de
su adolescencia donde llenaba páginas de declaraciones y
conversaciones ficticias que no se aventuraba a tener de otro modo. En
esas páginas siempre habla de encontrar la frase exacta, encontrar
las palabras que habría de decir llegado el momento al amor
prometido por un cine malinterpretado que no debió ver antes de
alcanzar la madurez. Solo habría una oportunidad, una vida un
intento, y tenían que ser las palabras exactas. Con el tiempo
entendió que quizá no existieran tales palabras y prefirió perder
el habla a admitirlo, las encontraría aunque ya fuera demasiado
tarde para pronunciarlas. La llamó la chica de las palabras, guardiana de lo que faltaba por decir, y le regaló una pluma
para que si él no encontraba las palabras a tiempo,
ella pudiera crear las suyas propias.
Ahora cree haber encontrado las
palabras adecuadas y ha construido una máquina del tiempo para
pronunciarlas antes de que sea demasiado tarde, pero cada vez
que baja la palanca se aleja más y más.
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