sábado, 6 de julio de 2013

Cerillas sin vértigo

Ahora que estamos en un cruce de caminos bien podríamos acampar aquí, a ver si la mañana nos dibuja una flechita en el horizonte, una idea de por donde hay que ir. Dejamos el mundo donde todo parecía estar en su sitio para buscar algo más, complicarnos para encontrar esos asentamientos que aparecen en las road movies donde están prohibidos los relojes. Recorremos kilómetros de redención en un coche sin luces, el universo encerrado en una carrocería de hierro y cristal, el infinito bajo el asiento del copiloto. Hemos renunciado al mundo de los vivos para encontrar el amor que aparecía prometido en las canciones de nuestro disco duro, y no hacemos más que conducir sin rumbo con ridículas gafas de sol, con cristales demasiado densos como para ver a través de nuestros compañeros de viaje.

Por la noche no podemos vernos, sutilmente un cigarrillo te ilumina cara en cada calada, y se siente como si ya no quisiera seguir buscando.

Entonces las cerillas se alzan hacia arriba.

Siempre he querido saber cómo haces eso.


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