La ficción tiene muchas cosas que
opinar sobre su realidad, vive saltando de casualidad en
casualidad como en baldosas amarillas, negando las coincidencias por
ser la respuesta más razonable y seguramente veraz. Nunca le ha dado
mayor importancia al firme del camino si al final hay una ciudad que
cambie desde dentro, una Venecia para Marco Polo, la ciudad que los
del altiplano dieron un nombre capicúa sin saberlo. Nunca le ha
dado mayor importancia al firme del camino y lleva años caminando en
círculos al rededor de una ciudad imantada, orbitando sin llegar a
ninguna parte. El tiempo hace mella en la palma de su mano y en cada
vuelta hay una rallita más, una nueva colección de pasos mal
invertidos.
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