Sigue el pulso, amenazando los cimientos que vibran y ronronean al son del velo de polvo que crea una película translucida y gris entre nosotros, apareciendo intermitentemente en cada zumbido. Mis latidos, ahora con la fuerza del Tzar, colapsan edificios, sumen ciudades en desiertos de ceniza y metal fundido. Apenas unos milímetros luz separan la realidad de todo lo que invento, todo lo que construyo por frustración y desconocimiento y las ganas de expresar lo que siente el protagonista de las historias manchadas con tanta tinta y tanto menos pintalabios; los milímetros luz necesarios para dejar escapar los suspiros sin amanecer siameses, para seguir discerniendo que no eres un personaje de mis cuentos, ciudad portuaria a lo lejos.
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