viernes, 13 de diciembre de 2013

Arquitecto y constructor

La habitación resembla un estudio fotográfico casero, con innumerables páginas de libros tendidas en cuerdas que son puentes colgantes uniendo vértices de un cuarto. Hay estanterías llenas de esculturas de papel impreso, algunas con una forma definida y otras maltratadas, como montañas de papel arrugado con tinta derramada deliberadamente con la intención de estropear el contenido. Cada una de ellas tiene al pié el título de la obra homónima al libro con la que ha sido creada, un fragmento de la portada arrancado a mano y con el perfil irregular, la incepción de esa distorsión.

Es el lector el que construye la metamorfosis unilateralmente, autor arquitecto y lector constructor, lector que quiere ser autor de su visión de la obra.

En uno de los estantes hay una caja, un pequeño baúl empapelado con letra escrita a mano a bolígrafo azul, tiras de papel desgarradas pegadas la una sobre la otra con la anchura suficiente para no descifrar el texto, solo palabras. En la parte superior hay dibujado con el mismo bolígrafo azul una cerradura, un dibujo posterior al ensamblado de las tiras de papel que deniega todo intento de abrir la caja, ese cofre del tesoro de piel manuscrita o ese recuerdo encarcelado protegido por un conjuro de trazado azul amor llave. En su interior se encuentra lo que no puede deformar, una metamorfosis que no corresponde a él construir, porque dentro de esa caja es autor arquitecto y fuera de ella lector constructor.


Encerrado un libro se titula Inventaventanas.



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