El tick tack del reloj se deja escuchar
como salpicaduras de agua, el tiempo gotea como una cuenta atrás y
subimos los pies al sofá para no mojarlos. Declaramos que el sofá
es nuestra isla y nada podrá arrebatarnos eso. Mientras sube el
nivel del agua ignoramos el paso del tiempo jugando en nuestro reino
de tela y cojines marrones, para vivir todas las vidas que habrían sido
posibles confinadas en los instantes previos al amanecer. La noche empieza a abrazarnos y a
nuestro alrededor se van reuniendo papeles flotando en el
agua manchados de tinta azul donde una vez el trazado fue legible
y vibraba de la emoción, y al fondo se deja ver una maleta a la deriva a
la que nos acercamos remando con cuidado para no volcar nuestro navío
improvisado. En ella encontramos ropa, algunos libros, una manta y
una botella de vino que no se han mojado y nos sentimos como dos
niños que han encontrado un tesoro de piratas. Pasamos la noche
atesorando el vino a pequeños sorbos y haciéndonos preguntas
incómodas y divertidas sobre nuestra infancia, leyendo en voz alta
pasajes al azar de los libros que había dentro de la maleta,
descubriendo las partes de nuestro cuerpo donde tenemos más
cosquillas y aquellas que nos hacen cerrar los ojos. Al acabar el
vino escribimos un manifiesto revolucionario, La anarquía bajo la
manta, y reímos mucho con el lápiz en la mano, nos peleamos
como niños para escribir lo que tiene cada uno pensado para el
manifiesto, reivindicamos nuestro derecho a ser siempre jóvenes y
apasionados, el real decreto que permite no salir de la cama para
trabajar o ir a clase cuando hace frío en la mañana y finalizamos expresando
nuestro rechazo a las despedidas con palabras severas y un atisbo de tristeza. Al terminar colocamos el papel enrollado dentro de la
botella de vino y lo dejamos con cuidado en el agua, esperando
que alguien lo encuentre antes de que amanezca y el manifiesto se
haga ley.
Ahora estás dormida y la luz
empieza a asomar en un horizonte en el que ya solo hay agua, nuestro
tiempo ha estado goteando toda la noche y el reloj está vacío de
ticks tacks. Los primeros rayos se posan en tu cara y soy incapaz de
despertarte, incapaz de moverme, incapaz de respirar; no puedo mas
que contemplar esa escena sin aliento, para que nunca se la lleve el
tiempo, para que no la pueda olvidar.
Nunca levantarse del sofá y salir por la puerta fue tan difícil.
Nunca levantarse del sofá y salir por la puerta fue tan difícil.
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