Había pasado tanto tiempo mirando el
mar que le había cogido miedo al agua. Ahora siempre mira hacia otro
sitio, es un cobarde, un idiota. Viste los tequieros en ridículos
disfraces de Halloween, las intenciones en tinta, la verdad en
seudónimos. Siempre habla en tercera persona cuando no se siente
propio, cuando él no es él, y pasa días durmiendo en el sofá
porque la cama es para él siendo él. Está enamorado y no sabe lo
que es eso, se fija en las películas, memoriza los diálogos que
preceden al primer beso por si algún día le dan esa escena,
mejilla-cuello-ceja y después cogemos aire.
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