Los caminos no atravesados se llenan de
hojas y acabas con el mar en los calcetines, empapados de lágrimas
de caracola los pasos se vuelven pesados y acabas decidiendo que es
mejor emprender el viaje descalzo, con fe en que los cantos afilados
se encuentran en otros caminos, esos donde no llueve y las alfombras
de hojas están roídas por el paso de los transeúntes que no miran
al suelo.
Yo siempre miro al suelo y poso el pie
sobre las baldosas del mismo color, soy así de desconfiado. Quizá
por eso no me doy cuenta de las personas con las que me cruzo y me
encontraba recogiendo guijarros cuando una chica también descalza
pasó a mi lado. Ella miraba las nubes, habría sido imposible
encontrarnos.
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