domingo, 1 de julio de 2012

Las carreras nocturnas


Empiezas a correr como si quisieras llegar a algún sitio y a mitad de camino te detienes, estiras los músculos y respiras un poco y limpias el sudor de las cejas como si fuera relevante para observar los coches que circulan indiferentes a encontrarte allí, de pie exasperado psicoanalizando pasajeros para inventar sus trayectos que en algún punto ya no son trayectos y no hay camino y Kerouac se dedica a menesteres más humanos y con menos neumáticos. Entonces vuelves por donde has venido a completar el círculo, el ritual de los cobardes con sueño, sin ganas de dormir.


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