miércoles, 23 de septiembre de 2015

La habitación sin ventanas

Su vida es una distracción, la mirada a todas las direcciones que no llevan a Venecia. Polo no recuerda ninguna de las razones que le animaron a ser el eterno viajante, no recuerda de su obsesión de ventanas abiertas, el aroma del mar, el amor de relatos y finales, el tiempo como prueba; no recuerda que su nombre es Polo y utiliza el nombre escrito en su nueva correspondencia. A lo largo del viaje ha escogido sus habitaciones llevado por el sentimiento que le producían sus ventanas, ventanas enormes, ventanas polares, ventanas propias, ventanas inventaventanas, ventanas por las que asomarse como quien asoma la cabeza a través de un portal de ciencia ficción, como quien mira a través de la cerradura, el cristal que separa su reino del resto.

Quizá por eso era inevitable que terminara en una habitación sin ventanas. Con el tiempo se desentendió del viaje, guardó su diario y olvidó las personas impares, el significado de una chica y sus palabras, lo olvidó, o dejó de recordarlo. Las ventanas son un memento de una vida con la que no se identifica, el recuerdo de un chico que no lo representa, el amor visto con los ojos de quien tiene una idea equivocada del amor, ojos de final mágico de película, ojos, y magia, la magia en los ojos que miran los ojos que miran de vuelta.


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