martes, 25 de febrero de 2014

Polo y su miedo a las películas de miedo

Siempre se sienta muy cerca de la pantalla del cine, el horizonte de cabezas le recuerda que las escenas no se han filmado solo para él y eso es inadmisible. Él quiere empaparse del aliento de los actores, agarra muy fuerte la chaqueta doblada a sus rodillas en los momentos de tensión y responde moviendo los labios a los personajes efocados en primer plano como si formara parte de la escena.

Hace mucho que prefiere el otro lado del cristal. Este lado nunca está de su lado, viaja de un lugar a otro buscando una nueva habitación para olvidar la anterior y todas son estación, pero le vencen las escenas de miedo, incluso las comedias de terror, no es capaz de imaginar las cámaras en escena y teme que el malo atraviese la pantalla y vaya a por él, a por él entre la multitud, el único iluso que no diferencia los matices de la ficción.

Él imagina el amor en 130 minutos, el principio de dos historias que se cruzan, las dificultades y malentendidos propios del desenlance con ese final abierto a interpretación, su interpretación.
Los créditos de cierre le devuelven a un autobus a este lado del cristal:



Polo y esa chica en la parada del autobús

Música de Elliott Smith

Cualquier parecido de los personajes con respecto a la vida real es pura coincidencia

2014







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