Ya nunca disimulo cuando
lloro en el cine, aunque sea la última escena. Desfilo con orgullo y
la barba empapada entre los espectadores que miran al suelo y se
frotan la cara con discreción a la salida, envidio sus tapujos, su
corrección, sus ojos rojos y secos. Hoy soy la ausencia de aplausos
al caer el telón, la indiferencia, el amor guardado en una caja de
zapatos.
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