Puedo con esto y con mucho más, quién es el valiente que coge una pala para poner su grano de arena. Puedo romper y quedarme solo, declarar que la culpa es de las palabras y aun así hablar más alto, retar al espejo y maldecir su reflejo y la comisura de los labios que se secan y parece, solo parece, que envejecen. Puedo escuchar las palabras que laten dos pulgadas tras el frontal y una sobre los ojos y enrabietarme como un niño consentido, mezclar Nolotil y agua, insertar tapones en los oídos, meter la cabeza bajo el grifo.
La culpa nunca fue de las palabras y ahora que fallan las cuerdas vocales me comunico con Johnny sin fusil a cabezazos contra la pantalla del ordenador, con mi jerigonza en morse.
No vaya a ser que alguien la descifre y se acabe la guerra.
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